Una ciudad que se llame Baden-Baden, y esté en el estado de Baden
Wurtemberg, tiene que ser famosa por sus baños, y efectivamente, ya el emperador romano
Caracalla convencido del poder curativo de las aguas termales de Baden-Baden, acudía al
balneario a tratar sus dolencias reumáticas, nosotros también acudimos al balneario de
Caracalla (foto 1), pero sus aguas radioactivas están prohibidas para bebés, por lo que no
nos dejaron pasar con Ana Sofía.
Más tarde, hacia el siglo XVI, la ciudad fue conocida gracias al gran Paracelso, el que se
considera padre de la medicina y la farmacopea, que ejercía aquí como médico de la
corte.
Y ya en los tiempos modernos, su fama se acrecentó internacionalmente con la fundación
del casino, convirtiendo la ciudad en una de las más lujosas del mundo, y para allí nos
dirigimos, pero no pasamos del vestíbulo principal (foto 2), la exclusividad y el código de vestimenta, unido a que Ana Sofía le dio por comerse justo antes un cucurucho de helado de
chocolate, pues tampoco nos dejaron pasar.
Solo nos quedaba intentar ver la "Trikhalle" (foto 3), un lujoso edificio todo
decorado con pinturas murales que representan escenas de leyendas, pero como en sus
suntuosas salas se celebran conciertos y bailes, pues también estaba cerrada, aunque al
menos pudimos asistir al ensayo en el exterior de los tenores que iban a dar el concierto.
Ya no intentamos ver ninguna cosa más, y el resto del día lo pasamos de heladería en
heladería, donde nos admitían en camiseta, vaqueros y con el bigote lleno de chocolate
incluso en la avenida Lichtental, el paseo más elegante de la ciudad (foto 4)...