
A pesar de que el Danubio no se digna a entrar en Viena, la toca apenas de
refilón, fue aquí donde Johann Strauss interpretó por primera vez el Danubio azul en
1867, hoy en día podemos comenzar la visita a la ciudad en un lugar tan dulce como la
música de un vals, la cafetería-pastelería del Hotel Sacher (foto 1), dicen que la
original torta Sacher, elaborada con una antigua y secreta fórmula posee el sabor de la
autentica Viena.
De allí podemos continuar por el centro peatonal, hasta la catedral de San Esteban (foto
2), símbolo de Viena con sus tejas policromadas formando grandes rombos.
Strauss, no fue la única personalidad que pasó por esta ciudad y se quedó un tiempo, por
ejemplo se puede visitar la casa donde vivió Mozart (foto 3), también dicen que Trotsky
diseñó la revolución rusa en el café Central,...
También tenemos muchos edificios interesantes para visitar, el Parlamento con su estatua
de Atenea a la entrada, el bonito Ayuntamiento (foto 4), la famosísima escuela ecuestre española, y la obligada visita al Prater vienés, un inmenso parque y lugar de
esparcimiento para grandes y chicos, y donde encontraremos la famosísima y antigua gran
noria metálica de 61 metros de altura, es la única de su estilo que sobrevivió la
Segunda Guerra Mundial, las demás acabaron fundidas para hacer cañones y balas (foto 5)...