En el Valle del Jarama, en la frontera natural entre la Comunidad de Madrid y Guadalajara, se esconde a 60 kilómetros al noreste de la capital un pequeño pueblo
que ha permanecido prácticamente inadvertido durante siglos. Incrustado en lo alto de un barranco, en una brecha de la cordillera, Patones de Arriba ha
resistido incólume los embates del tiempo, aislado del resto del mundo e incluso gobernado por su propio “rey” (una suerte de alcaldía hereditaria) hasta
el siglo XVIII. El resultado es un lugar mágico donde el tiempo se ha detenido, una pequeña aldea que representa como ninguna la “arquitectura negra” de
la región, con sus sinuosas calles y casas rurales de pizarra.
En las últimas décadas, la mayoría de sus vecinos bajaron a vivir a Patones de Abajo, creado
en los años 40, por lo que el pueblo antiguo ha quedado como un lugar dedicado al turismo y se ha llenado de casas rurales, restaurantes, tiendas
ecológicas, de artesanía, y talleres de diversos trabajos manuales. Por todo ello, Patones de Arriba es uno de los pueblos más pintorescos de Madrid, y
una opción ideal para desconectar en una escapada de fin de semana.
Es un pueblo libre de vehículos, y aunque hay un pequeño parking a la entrada del pueblo, lo mejor es subir caminando desde Patones de Abajo por la senda
ecológica El Barranco, una ruta que lleva unos 20 minutos y permite apreciar mejor lo escarpado de nuestro destino, situado a 832 metros sobre el nivel
del mar. Ya por el camino encontraremos multitud de cosas interesantes para todos los gustos: Una fuente de agua fresca a la salida de Patones de Abajo
donde llenar la cantimplora, a partir de aquí, con una dificultad escasa iremos remontando hasta Patones de Arriba, avistando aves, a los escaladores
en sus pequeñas rutas de escuela de escalada, también asequible es penetrar a la Cueva de Aire, que se denomina así por el sonido que provoca el viento
en su interior y que tras un estrecho y angosto paso
inicial de unos 4 metros, se abre en altura y ya se puede caminar erguido por su interior.
Llegando a Patones de Arriba, nos recibe en primer lugar la iglesia de San José, del siglo XVII, que en la actualidad acoge la Oficina de Turismo. Y a
partir de aquí nos podemos perder por las callejuelas del pueblo y disfrutar de su arquitectura con unas construcciones tradicionales que hicieron posible
la gastronomía local como bodegas, hornos y eras, cochiqueras, arrenes y tinados.
Hay que subir a lo alto del pueblo para
disfrutar de la vistas, acercarse al arroyo de Patones o visitar el Ecomuseo de la pizarra. Nuestro paso se verá interrumpido constantemente por rincones encantadores, pequeñas
tiendas de artesanía, terrazas donde pararse a tomar algo y excelentes restaurantes de comida castellana tradicional donde no faltan la carne y productos naturales como la miel,
el queso fresco o el yogur natural de granja.
Pero además Patones de Arriba es un es un destino ideal para programar una ruta de senderismo y disfrutar del entorno de este bellísimo y encantador pueblo. Hay muchas
rutas para
caminar e ir en Bici y para escalar.
Yo tenia programado subir al Cancho de la Cabeza, un sendero fácil y circular de 12 kilómetros hasta los 1263 metros de altura del Cancho. Pero
como que la ruta aunque no esta a
una elevación excesivamente alta, no tiene muchos árboles que nos protejan del sol, y
veía que si continuaba iba a quedar completamente quemado y deshidratado por lo que mi
excursión la reduje a un paseo mas corto simplemente dándole la Vuelta al Cabezo, una loma inferior con un recorrido de unos 3,5 km que era lo mas que me
veía capaz de recorrer...