
Después de disfrutar de las cálidas aguas minerales de Pamukkale, hay que
darse una vuelta por las ruinas de su ciudad vieja, se llamaba Hierápolis, y tiene unas
dimensiones tan considerables que podemos tardar un día entero en hacerlo.
Evidentemente era un centro de curas, fundado en el 190 a. d. C. por el rey de Pérgamo, la
ciudad fue devastada por terremotos tantas veces que al final sus habitantes optaron por
abandonarla.
Pero aun así es muchísimo lo que nos ha llegado hasta hoy: su teatro romano (foto
1),restos de sus paseos y calzadas (foto 2),arcos y estructuras de muchos edificios
importantes (foto 3),como las termas, la iglesia bizantina o el Templo de Apolo (que tenía
un oráculo atendido por sacerdotes eunucos).
Pero lo que más sorprende al viajero es que por tratarse Hierápolis (Pamukkale) de un
centro de aguas curativas, posee una de las mayores necrópolis que se
conocen, extendiéndose varios kilómetros, con muchísimas tumbas muy bien
conservadas (fotos 4 y 5)...