El Nilo (foto1) es el río más largo del planeta, nace junto a la línea
del Ecuador en el corazón del África Negra, y a lo largo de 6700 kilómetros, la conecta
con el Mediterráneo.
Para los Egipcios, es la vida, nada existiría sin el río, y lo es desde la antigüedad, de
hecho el país lo forman tres cosas: su río, la estrecha franja de tierra cultivable a sus
orillas y luego, desierto (foto 2). Esto llevó a los antiguos egipcios a elaborar un
calendario de 365 días basado en el tiempo en que se producía cada crecida del río, repartidos en 12 meses por ser este el número de ciclos completo de cambio en las
fases de la luna. Esas mismas inundaciones borraban los límites de las propiedades
agrícolas, siendo necesario volver a determinarlas mediante los métodos de cálculo que
hoy conocemos como geometría, de hecho, cada población ribereña, contaba con su
"nilómetro" (foto 3) unas marcas que indicaban el nivel que alcanzaban las crecidas, y es que de eso dependía la calidad y cantidad de las cosechas, y por tanto
determinaba la cantidad de impuestos que se debían pagar, todo esto llegó a nosotros a
través de un complejo sistema de símbolos propios que los griegos llamarían
"jeroglíficos".
Es tanta la importancia de su río, que se orientan según su curso, o sea lo que para
nosotros es el norte, para ellos es el sur, mientras que lo que geográficamente
consideramos el sur, para ellos es la parte alta del país, su norte, el lugar de donde
procede el río.
Navegando por el Nilo, tendremos la oportunidad de ver todas esas escenas cotidianas que
demuestran que la vida siempre ha girado alrededor del río, tanto pescadores (foto 4), como
agricultores (foto 5) dependen del río, y esto ha sido así por generaciones, por lo que a
sus orillas iréis descubriendo restos y más restos de estas antiguas civilizaciones (foto
6).
A partir de El Cairo (foto 7), todo cambia, y es que comienzan los 23.000 km² de delta que
forma antes de llegar al mar, el desierto da paso a una de las zonas más ricas y
densamente pobladas del planeta, y es que el Nilo ofrece en su desembocadura un último
regalo al país: un inmenso campo en que la vida surge de las arenas transformándolas
en una tierra extremadamente fértil...