Los comienzos de la historia de Fertorákos se remontan a más de 10 millones de años, fue entonces cuando se formó la roca
que hizo famosa la cantera de la localidad a orillas del Lago Ferto. En
aquella época, el mar interior de Panonia ocupaba la zona, en la que se formaba la denominada caliza “lajta” por la mezcla
de restos de animales y vegetales depositados en los lodos calizos formados por algas.
La gente de Fertorákos comenzó a extraer piedra caliza en el siglo XVI, con la piedra aquí excavada construyeron murallas,
iglesias, castillos y casas. En 1951 el lugar fue declarado monumento protegido.
Se puede visitar la cantera siguiendo un camino marcado y con la ayuda de escaleras
metálicas cuando son necesarias para
superar desniveles.
Se pueden conocer las herramientas y los métodos con los que se extraían la piedra caliza, y algunos ejemplos de lo que se
construya con
ella.
Pero el uso que se le da hoy es el de espacio teatral con cabida para 760 personas, con moderna tecnología de iluminación y sonido escénico,
así como sillas con calefacción para la comodidad de los espectadores, todo por la sorprendente
acústica del lugar, la cual podemos poner a
prueba con obras de Lisz o otros músicos y escuchar como suena en este ambiente.
Es un recorrido interesante y fascinante que a mi se me hizo corto.
En la entrada hay un pequeño restaurante para comer menús, porque aun nos queda por ver otra cosa interesante
aquí en Fertorákos.
Se trata de
la picota de Fertorákos, que es uno de los monumentos medievales más importantes de Hungría, que se ha convertido en un símbolo de la antigua
judicatura
y de la humillación pública. También conocido como el Pilar de la Vergüenza, fue uno de los medios más comunes de castigo público a los pecadores
en la Edad Media. Los convictos fueron llevados ante la comunidad aquí para avergonzarlos y castigarlos por sus acciones. En el asentamiento
histórico de Fertorákos, esta picota es un importante recordatorio de la época en la que la violación de la ley no sólo tenía consecuencias legales
sino también sociales. Su especialidad es que es uno de los pocos ejemplares supervivientes que aún se pueden ver en su lugar original. Este método
de castigo se utilizaba en la Edad Media para los delitos que no requerían una retribución más severa, pero que eran suficientes para llevar al
perpetrador a la comunidad y avergonzarlo.
La picota se encuentra en el centro histórico del pueblo y se puede buscar en el mapa con el nombre de "Pellengér".
En términos de diseño, es un simple pilar de piedra con anillos y cadenas de metal: los convictos estaban esposados a ellos. La columna ocupaba
un lugar simbólico central en la vida de la comunidad y servía como medio de humillación pública. Los culpables estaban atados a cadenas,
asegurándose así de que estuvieran frente a los ojos del público durante horas. Por lo tanto, el pilar de la vergüenza no sólo es un medio para
llevar a cabo el castigo, sino que también sirve como ejemplo disuasorio. Las personas exhibidas en la picota a menudo eran castigadas por delitos
menores, como robo o desórdenes menores. Sin embargo, este método fue una herramienta eficaz para mantener el orden público, ya que los reclusos
recibían retroalimentación directa de la comunidad. Para los visitantes, ahora es principalmente una curiosidad histórica, que proporciona una
visión de las costumbres penales medievales y los métodos policiales de la sociedad de la época...