
Después de unos días en Puerto Ayacucho aclimatándonos a la selva y llenándonos de
picaduras de mosquitos, estamos preparados para remontar el Orinoco. Nuestro
destino es la comunidad indígena de Caranaven, y para llegar nos integramos en
el contingente de una Misión cristiana que cada año organiza allí un
campamento para niños indígenas.
Desde Puerto Ayacucho, la carretera continua en dirección sur unos 60
kilómetros hasta Samariapo, este tramo de carretera es esencial para evitar
unos rápidos imposibles de pasar con las curiaras. Como aquí en Samariapo
termina la carretera, es el lugar de abastecimiento y carga para cualquiera
que quiera intentar adentrarse en la selva en dirección al Alto Orinoco
(foto 1). Desde aquí y hasta nuestro destino Caranaven son 5 horas de barca
Orinoco arriba.
Al principio el viaje es emocionante, todo es nuevo y estamos entusiasmados
navegando por el Orinoco (foto 2), pero son muchas horas en una estrecha
barca cargada de víveres y personas (foto 3), aun así disfrutamos el viaje y
alucinamos con el paisaje arrollador de la tupida selva, y descubriendo
parte de sus maravillas como el Cerro Autana árbol de la vida para los
indios piaroa (foto 4), y por supuesto la majestuosidad e inmensidad del
propio Orinoco (foto 5).
El viaje se hizo muy largo, y con la noche pasó de emocionante a peligroso,
no se veía nada, y las barcas no tienen ningún tipo de iluminación, tampoco
las que vienen de cara a toda velocidad en contracorriente. Además todas
circulan por la orilla derecha para evitar la guerrilla del lado colombiano.
Llegamos en plena noche y en completa oscuridad a Caranaven, así que hasta
el siguiente día no descubrimos exactamente como era el lugar a donde
habíamos llegado...