
En las primeras semanas de vida, Ana Sofía tiene una autonomía de unas
dos horas, pasado este lapso de tiempo pide su comida insistentemente, eso sumado a que
somos unos padres primerizos y prepararnos para salir de casa nos cuesta al menos la mitad
de ese tiempo, pues podréis comprender que nuestro radio de acción es más bien limitado.
No nos queda más remedio que visitar lugares dentro o en las cercanías de la ciudad, uno
de ellos es la Iglesia de Boyana (foto 1 y 2), uno de los nueve lugares considerados
patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en suelo búlgaro por las pinturas murales que
alberga del siglo XIII, la mayoría de ellas escenas bíblicas, o retratos de santos
guerreros. Desgraciadamente y como suele ocurrir en estos lugares, hacer fotos a las
pinturas del interior está terminantemente prohibido, y la toma de fotos furtivas en este
caso era una tontería, ya que todo el interior se encuentra en restauración, y solo se
podrían haber fotografiado plásticos y andamios, por lo que me veo obligado a escanear un
par de postales que compré en la tiendecita de la entrada (fotos 3 y 4)...