Cueva de La Lucha. Chiapas. México

Febrero 2000

Nuestra primera aventura en Chiapas, se trataba de llegar y penetrar el la cueva de La Lucha, que se haya en la comunidad indígena del mismo nombre, esta cueva es el desaguadero de 1 km de longitud de un gran cenote inundado, al que se entra por la cueva nadando, el mayor problema, no es la cueva en si, ni que esta sea un gran río subterráneo, el problema es llegar a la cueva, ya que se encuentra en una zona selvática, inaccesible y deshabitada.
Esta es la historia. Desde Tuxla Gutiérrez partimos al NE hacia la presa de Netzahualcóyotl, donde dejamos el auto para tomar una barca hasta una población llamada Malpaso, de aquí tomaremos "La Ruta", (otra barca que recorre una vez al día las poblaciones aisladas de orillas del lago), para desembarcar una hora y media después, en el extremo occidental del lago, aquí no hay nada, ni carreteras, ni siquiera caminos, solo una pequeña senda llena de barro (lo cual nos hace prever que en la cueva habrá mucha agua), que en dos horas a pié nos lleva a la comunidad de La Lucha. Son las 2pm, estamos a 38 grados y 100% de humedad, cargados con tiendas, comida para tres días, y toda el agua que podemos llevar encima, a la media hora de camino, además en subida (foto1), estamos destrozados y mareados, no tenemos mucho porvenir en este ambiente, pero estamos de suerte,nos adelanta alguien montado en burro que se dirige a La Lucha, le pedimos ayuda, y se baja del burro para cargar nuestro equipaje.
Ya en La Lucha, descansamos y buscamos un guía y un burro, para que nos lleven a la cueva, el guía no hay problema, pero nos advierten, que con el burro no podremos ni hacer la mitad del camino a la Cueva, ya que este es impracticable para animales, yo me pregunto ?Que somos nosotros¿...Efectivamente, al poco de salir del poblado, nos introducimos en una espesa selva, solo se puede caminar por donde hay riachuelos, que han abierto paso, y el propietario del burro dice que se acabó y que se vuelve.
No nos queda más remedio que hacer nosotros mismos de burros de carga, vamos muy lentos, el camino es difícil, hay mucho barro y agua, y estamos muy agotados por el calor, el camino por la selva se ha cerrado del todo, solo podemos avanzar por el impresionante y profundo lecho del río que viene de la cueva, vamos saltando los grandes bloques de roca que se han desprendido de los lados, y avanzamos muy penosamente, y además las fuerzas nos han abandonado, y esto se está poniendo peligroso, ya que el peso de las mochilas nos desequilibra. El guía quiere llegar a dormir a la boca de la cueva, pero nosotros no podemos más, y decidimos parar, el lugar es caótico, no solo no podemos plantar las tiendas, sino que no hay lugar ni donde podernos estirar y tratar de dormir (foto 2), además estamos en en lecho de un río, y si por la noche llueve...
Madrugamos después de una noche acurrucados entre las piedras al calor de una fogata, escondemos el equipo no necesario para la cueva, y ya ligeros llegamos a esta rápidamente, la cueva se abre bajo una inmensa pared de unos 700m, el río no es visible ya que va por debajo de los bloques de piedras, pero es muy evidente su gran caudal, por el ruido que notamos bajo nuestros pies, quienes también son muy ruidosos, son los monos aulladores, que han detectado nuestra presencia y nos observan, y se hacen notar armando todo el ruido que pueden para tratar de intimidarnos y hacernos saber que ese es su territorio.
Descendemos a la boca de la cueva, y penetramos en ella, las dimensiones de esta son muy considerables, por todos lados hay pequeñas corrientes de agua formando preciosas pozas en las que tenemos que entrar y salir pero la temperatura del agua es muy agradable, conforme vamos avanzando, siempre en sentido descendente, la corriente del río se va haciendo cada vez más presente en forma de un estruendoso ruido que nos envuelve y angustia. Estamos en una gran bajada embarrada desde la que ya es visible la luz del exterior, hemos recorrido casi tres cuartas partes de la cueva, y al final de la bajada llegamos al nivel del río, este es impresionante, por su caudal, por su estruendo, y porque al hallarnos sumidos en esa semioscuridad que producen las luces artificiales en el interior de la cueva, nos hace verlo con mucho respeto. Ramón intenta introducirse en él, pero a los pocos pasos el agua le llega al pecho, y con la corriente y sin ver donde pisa, decidimos dar por vista la cueva y salimos. Ya fuera de la cueva, estamos contentos, nos la hemos pasado muy bien, ha sido muy interesante e impresionante, nos abrazamos y nos sentimos felices, sin embargo sabemos que nos queda todo en camino de vuelta, el cual hacemos de una manera sorprendentemente rápida.
Recogemos el equipo que habíamos escondido, y nos dirigimos hacia donde habíamos quedado que nos esperaría el burro de carga, vamos tranquilos y relajados, aún no hace mucho calor, y la selva conserva el frescor de la noche. El paisaje pasa de selva cerrada a pequeños campos de caña de azúcar y maíz, señal inequívoca que estamos cerca de un poblado, de repente en la senda aparecen tres hombres armados con escopetas y machetes, Heike en ese momento cabeza del grupo es detenida por ellos, como en la senda solo cabe una persona, permanecemos en fila india, en un principio no reaccionamos e incluso Heike intenta entablar conversación amigable con ellos saludándolos, como ven que somos tan inocentes que no nos hemos dado cuenta de sus intenciones nos lo aclaran con un repetido "Al suelo", "Al suelo", ya no cabe duda, es un asalto, con el agravante de encontrarnos en un lugar deshabitado, en el que bastaría darnos un tiro y tirarnos al lado del camino para que nunca nadie nos encontrara...
Arrebatan a Heike su riñonera y su cámara de fotos, y sorprendentemente cuando es mi turno, ya que yo voy en segundo lugar, nos gritan "Fuera", "Fuera", "Vamos", y nos dejan ir, incluso Heike les pide que se queden con el monedero y le devuelvan los papeles y cosas de su riñonera, y lo sorprendentemente lo hacen. No entendemos muy bien, pero nerviosos nos alejamos, nos respetan la vida, a Heike sus pendientes, reloj, navaja suiza que llevaba colgando, y su riñonera, a mí ni me dicen nada, y Ramón que va en tercer lugar, prácticamente ni se entera, el llevaba su cámara "Reflex" colgando, mochila y más de 1500US$ en efectivo. Es difícil explicar que se siente cuando a uno lo encañonan con una escopeta, y la respuesta supongo que sería nada, ya que no se reacciona inmediatamente, uno es consciente que en estos lugares de tanta pobreza y necesidad, la vida de uno vale muy poco, ya que quien te asalta lo hace por sobrevivir, y cualquier animal mataría por eso.
Nosotros reaccionamos al asalto como 20 minutos después cuando tuvimos que parar a descalzarnos para cruzar un río, donde en la otra orilla nos esperaba el burro con su dueño, allí nos dimos cuenta de lo que había sucedido, y de lo que nos pudo haber pasado, y lloramos de felicidad, porque todos menos la cámara de fotos y 600 pesos en efectivo, habíamos sobrevivido al asalto. Cargamos las cosas en el burro, y nos dirigimos a la comunidad de Aguas Blancas a denunciar el asalto, donde nos aseguraron que éramos los primeros que habíamos sido asaltados en la zona. *